viernes, 21 de diciembre de 2007

Veo Dioses

A veces,
por la mañana,
veo dioses.
Deambulo por el alba,
ni despierto, ni dormido,
con el alma soñando, y dormida,
con el corazón ardiente
por la droga de la cafeína.
Mientras terminan de poner las aceras,
Mientras se despide la más bella de las estrellas,
Andando, consigo verlos invisibles,
a Dioses, y a Ninfas .
Translúcidos a la mirada,
conduciendo a nubes y a vientos,
majestuoso en sus montañas,
bailando al compás de torbellinos de hojas secas,
o nadando en los charcos de agua helada.

Esas cosas que tan solo pueden verse
cuando el alma no ha despertado,
cuando todavía sigue soñando.
Que tan solo pueden verse
con una onírica mirada

lunes, 17 de diciembre de 2007

Citas: Groucho

" Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero. Pero cuestan tanto"

Groucho Marx

viernes, 7 de diciembre de 2007

Citas: Groucho Marx

" En las fiestas no te sientes jamás, puede sentarse a tu lado alguien que no te guste"

Groucho Marx

viernes, 30 de noviembre de 2007

Ser Jevi

A menudo los Manogüar
vienen a mi barrio,
cuatrocientos pijos mueren
bajo sus hachazos.
Ozzy Osborne es presidente
electo del gobierno.
Los maderos llevan greñas
y me hacen cuernos.
Y es que oigo una guitarra
y alucino sin pastillas.
El Rock es mi medicina
que se joda la aspirina.

Gigatron

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Una Mañana

Eran la seis la mañana. Estaba tomando café junto a la ventana, esperando el nacimiento del nuevo día. El sol empezaba a reflejarse en las nubes que cubrían el horizonte adornado la linea del fin del mundo de tonos magenta, y carmesí, como los de su pinta labios. Hacía más de 3 meses que no la veía, la verdad es que no me acordaba muy bien que es lo que había pasado, pero de lo que si me acordaba es que la echaba de menos.
Todavía no me había tomado medio café, y apareció ella, tan guapa como siempre. La vi y me quede sin habla, me saludó sonriente y se sentó junto a mí. Cuando recuperé el habla decidí decirle lo guapa que estaba, a lo que coquetamente me respondió con esa típica pregunta: ¿ No me ves nada distinto?
Como todo hombre empecé a hacerle las típicas preguntas tontas:
¿ Te has cortado el pelo?
y ella respondía sonriente sin dejar de mirarme:
No, no.
¿ Has cambiado de peinado?
No , no.
¿ Es nuevo ese vestido?
No, no.
No caigo,¿ que es?
Que ahora, estoy muerta.
De repente se formó un silencio sepulcral que cómo un escalofrío recorrió mi espalda hacia mis adentros congelando mi corazón, y mis recuerdos me vinieron cómo un golpe seco, como una tormenta en mi cabeza, atormentándome.
Entonces le pregunte, con un cierto temor.
¿ Y yo? ....

miércoles, 21 de noviembre de 2007

El valor de las cosas

" Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más"
Francisco de Quevedo y Villegas
"poco es tanto
cuando poco necesitas"
Heroes del Silencio

lunes, 19 de noviembre de 2007

La clase interminable

Abres los ojos. Tienes la vista borrosa. Poco a poco empiezas a distinguir las letras del papel que te servía de almohada. Alzas la vista. Estas sentado, delante del mismo orador, en una aula medio vacía. Supones que te esta echando la bronca, pero tú pasas. El tiempo parece detenido, y ciclicamente va repitiendo una y otra vez el mismo discurso. Siempre igual. Poco a poco van pasando las horas, pero el discurso no cambia. Parece que nunca fuera a terminar, Las palabras se repiten, seguidas de la misma forma, encadenadas como vagones de un mismo tren que no para de pasar una y otra vez por la misma estación.
Alcanzando la desesperación, te levantas. Todos se quedan mirándote. Se abre paso un silencio agudo, oscuro, penetrante. Te abres paso hasta la puerta, la abres y te marchas. Oyes como prosigue el discurso, alto como si el eco de las paredes de hormigón se hubiera puesto de acuerdo para gritártelo al oído una y mil veces. Intentas escapar pero las puertas a fuera del edificio están cerradas. Te diriges al lavabo, te remojas la nuca con gélida agua, y vuelves a la clase. Todos están indiferentes mientras te acercas a tu sitio. El sermón prosigue, aburrido, continuo, inexpugnable. Pasan las horas, y el fin no llega, y cuando parece que esta a punto de terminar, el orador se detiene para coger aliento, y comenzar otra vez de nuevo, la misma función.
Agotado caes en un profundo sueño que te libere de estas cuatro paredes. Los ojos se van cerrando hasta que caes rendido. De repente no sientes nada, el silencio, el vació, desligado de toda atadura.
Un golpe atronador rompe con tu reposo. El sermón del orador vuelve a encadenar a tu cabeza.
Abres los ojos. Tienes la vista borrosa. Poco a poco empiezas a distinguir las letras del papel que te servía de almohada. Alzas la vista. Estas sentado, delante del mismo orador, en una aula medio vacía.